Una arquitectura que surge de las preexistencias del lugar, enlazando ruina, paisaje y vida cotidiana mediante un continuo de espacios intermedios capaces de filtrar luz, clima y privacidad.
El proyecto nace de una serie de preexistencias que ya habitaban el lugar: los restos pétreos de una antigua construcción agrícola, una mesa bajo la glicinia que durante décadas acogió comidas familiares, y la piscina cercana.
Estos elementos cotidianos se convierten en la trama desde la que se desarrolla el espacio construido como lugar de vida.
La parcela desciende en pequeños bancales hacia un valle orientado al sur-suroeste. Un castaño crecido al abrigo de la ruina, el recorrido del sol, el calor de los largos días de verano y el deseo de luz en invierno forman parte de las condiciones que definen el proyecto.
Pequeños momentos cotidianos que se transforman en materia arquitectónica.
La intervención propone un continuo de espacios intermedios que enlazan las ruinas existentes. Tres piezas agrupadas en línea se articulan mediante nuevas construcciones que conectan las diferentes orientaciones y estados de conservación.
Estos espacios actúan como filtros capaces de regular clima, luz o privacidad.
Las áreas más privadas se sitúan en los extremos del conjunto.
Entre ellas aparece un espacio continuo que envuelve las piezas y se adapta a la topografía, conectando interior y exterior de forma gradual.
Las áreas más privadas se sitúan en los extremos del conjunto.
Los muros de mampostería se refuerzan mediante un trasdosado de hormigón que continúa en forma de losa, evocando el volumen original y enfatizando su carácter más íntimo y cerrado.
Una gran losa de hormigón reproduce la topografía del terreno y organiza el espacio continuo del proyecto.
Sobre ella se dispone un cerramiento ligero de capas especializadas que funciona como una membrana activa, adaptándose a las diferentes orientaciones del lugar.
El ligero desplazamiento entre la losa y las capas de cerramiento genera pequeños espacios efímeros.
Son lugares abiertos a la apropiación de los habitantes, capaces de transformarse según el momento del día, el clima o el uso.
El proyecto se entiende como una secuencia de recorridos y estancias que conectan paisaje, memoria y vida cotidiana.
Un lugar para deambular, vivir y capturar momentos.